Astro City: La ciudad de estrellas divinas y estrellas mortales

 

Una convención muy marcada en los cómics de superhéroes es que se usa el nombre del protagonista como título de la obra, y Astro City no es la excepción.

Desde muy temprano en la historia del medio, el género de superhéroes ha estado presente como parte fundamental de los cómics. Si aceptamos el referente de Actions Comics #1 de 1938 como el nacimiento de éste género, estamos hablando de 76 años en que se han contado miles de historias con cientos de personajes encapuchados, con capas, mallas y trajes vistosos.

Como a un anciano septuagenario, los achaques ya se le han notado, por ello la necesidad de renovarse y reinventarse, a veces con aciertos, a veces con fallos lamentables, como la excesiva oleada de antihéroes de dudosa moral que dominaron la década de los noventa.

Casi como respuesta al creciente cinismo en el género de encapuchados, el equipo del escritor Kurt Busiek y el ilustrador Brent Anderson, complementado con el magnífico arte de Alex Ross en portadas, dieron vida a la ciudad de los astros, Astro City, que salió a la luz en agosto de 1995 al amparo de la editorial Image Comics. Después de los primeros seis números, la serie migraría a Homage Comics, subsello de Wildstorm.

 

Esta primera etapa duraría tres años, hasta 1998, cuando el escritor empezó a tomarse recesos en su ritmo de trabajo debido a problemas de salud. La serie continuaría a intervalos irregulares hasta 2003, con la publicación de los arcos Local Heroes y Dark Ages, la cual concluyó en 2010.

La principal riqueza de esta obra reside en la multiplicidad de puntos focales narrativos. En lugar de seguir a un sólo personaje a través de diversas aventuras y confrontaciones, el universo de Astro City se construye como un tapiz de bordado complejo, en la que cada personaje y cada arco funciona como una hebra: se les puede apreciar por separado y reconocer su calidad material y cromática, pero es hasta que tenemos la perspectiva del tapiz completo que podemos reconocer la maestría con que Busiek las tejió.

El número uno nos adentró en el mundo interior de Samaritan, un héroe a todas luces basado en el arquetipo de Superman, donde se destaca lo agotador de la vida superheroica, y el poco espacio que deja para su identidad de civil. El número dos se enfocó en establecer el trasfondo histórico de Astro City y el ascenso prominente de sus héroes, a través de un viejo editor de un prestigioso diario que relata su primer reportaje sobre ellos en su juventud.

 

Para el tercer número de la serie, Busiek expandió el universo de la ciudad y detalló un aspecto fundamental del género de superhéroes: la vida del criminal ordinario sin poderes, el que hace el trabajo rutinario de vigilar o transportar lo robado, en inglés llamados minions. Tradicionalmente estos sólo sirven de costal de arena para el héroe y lo retrasan un poco, a fin de permitir la huída del villano; en cambio, aquí se presentó un personaje bien contado que fortaleció la obra en su totalidad.

El equipo de Busiek y Anderson hizo particular gala de su talento en worldbuilding en el cuarto número. Las grandes urbes como Nueva York suelen ser importantes focos migratorios, donde grupos se conforman en microciudades dentro de la ciudad, como los barrios chinos. Estas zonas se caracterizan por vivir una identidad dual: por un lado, la del extranjero que trata de encajar en su nueva sociedad solo lo indispensable y mantiene su lengua y tradiciones; y por otro lado, el nuevo ciudadano, por lo general hijo de migrantes, que se asume totalmente miembro de esta sociedad y espera gozar de las mismas oportunidades y derechos, aunque suele enfrentarse a discriminación.

 

Este fenómeno social, que ha sido objeto de innumerables estudios antropológicos y sociológicos, se recrea con gran riqueza en la historia que presentó la experiencia de Marta, una joven mujer nativa de Shadow Hill, analogía de las comunidades migrantes de Europa del Este. Marta viaja a diario desde la aislada colina, temida por sus vecinos de Astro City, hasta el corazón de la urbe, donde a diario comparte la fascinación de sus conciudadanos con los superseres. A la vez, a diario lidia con el temor de no encajar, porque creció en un entorno donde los peligros no son supervillanos, sino espectros, demonios y otros elementos metafísicos, de los que Marta sabe protegerse mediante talismanes y rituales mágicos heredados de generación en generación.

Estos son sólo los primeros números cuatro números, pero ejemplifican bien la estructura general que hace de Astro City la justa merecedora de más de una docena de galardones de la industria, incluyendo varios premios Eisner y Harvey. Los arcos argumentales son de longitud variable, desde historias autocontenidas en un número, hasta el extenso Dark Ages que abarcó 16 entregas. Gracias a que cada uno de los arcos se centró en algún personaje, sea héroe, villano o persona ordinaria, la suma de las historias crea el entramado que hace de Astro City uno de los universos ficticios más ricos, detallados y profundos que se hayan visto, no sólo en cómic, sino en cualquier medio de arte.

 

A diferencia de otros títulos que buscan llamar la atención con personajes rebeldosos antitodo, Astro City hace un homenaje a las grandes figuras de la tradición y aprovecha los arquetipos que ya residen en el imaginario colectivo para crear a partir de ellos y detallar las minucias que suelen pasarse por alto.

Hay creadores que caen en la pretenciosidad de llamar a su obra “el mejor cómic de superhéroes”. Aunque esas otras obras tengan sus méritos, quien quiera colgarse esa medalla tiene que empezar por medirse con la vara que Astro City lleva más de dos décadas poniendo muy en alto.

 

 

Author: Alfredo Villegas

Traductor, intérprete y corrector de estilo. Traduce, entre otros títulos, Saga, Rachel Rising, Chew, Scott Pilgrim y All New Archie para Editorial Kamite. Ha impartido conferencias y talleres del tema en diversos congresos de traducción. Es miembro del colectivo Círculo de Traductores.

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