EC Comics y el horror que asoló a las historietas

Por Alberto Calvo. Publicado originalmente en Comikaze #29 (octubre de 2015)

 

Sería imposible hablar de la historia del cómic de horror sin mencionar las publicaciones de EC Comics, las cuales llevaron al género a convertirse en el más exitoso de la industria del cómic estadounidense durante los años 50, dando pie a toda clase de imitadores y detractores.

Los orígenes de la compañía nada tienen que ver con el horror. Max Gaines, editor y empresario considerado como el padre del cómic americano gracias a la creación de Funnies on Parade, una colección de tiras cómicas presentada en un panfleto de páginas engrapadas, el cual era regalado como material promocional, y de Famous Funnies, similar en formato y contenido, pero que se vendía directamente a los niños y al público consumidor, considerado como el primer cómic de la historia.

Gaines cofundó All-American Publications, primera compañía en tener distribución en puestos de periódicos y en cuyos títulos surgieron personajes como Flash, Green Lantern, Wonder Woman y Hawkman. En 1944 vendió su parte de esa compañía, y con el dinero obtenido fundó un nuevo sello, llamado Educational Comics.

 

El empresario pretendía vender sus publicaciones, dedicadas a la ciencia, la historia y la Biblia, en iglesias y escuelas. Sin embargo, Gaines falleció en 1947 en un accidente de lancha y su hijo William tomó el control de la compañía. Bill jamás había tenido ningún interés en los cómics, y en un principio sólo se presentaba a firmar los cheques de sus empleados. Sin embargo, ante las deudas de la compañía, que ascendían a más de cien mil dólares, decidió involucrarse de forma más activa.

Lo primero que hizo fue cambiar el nombre de la editorial por el de Entertainment Comics, y desarrolló una nueva estrategia de ventas, olvidándose de los títulos educativos y religiosos y buscando alternativas más comerciales. Sus nuevos títulos se enfocaron a los géneros policíaco, romántico y western, muy populares en el ambiente de la postguerra, y con su moderado éxito, la EC empezó a saldar deudas, pero Gaines quería generar mayores ganancias.

 

Inspirado en los seriales radiofónicos de misterio, que ofrecían historias autoconclusivas presentadas por un anfitrión, adaptó ese modelo a los cómics, y en los números 15 y 16 de Crime Patrol incluyó relatos de horror presentados por un personaje llamado The Crypt-Keeper. El experimento fue un éxito y la serie cambió su título a The Crypt of Terror con el número 17, correspondiente al bimestre abril-mayo de 1950, y meses después, en el número 20, fue rebautizada como Tales from the Crypt.

The Vault of Horror #12, reemplazó a War Against Crime! ese mismo mes, y la trilogía de títulos de horror de EC se completó con The Haunt of Fear #15, que sustituyó a la entrega de mayo-junio de Gunfighter, una serie western. The Old Witch era la anfitriona en este título, mientras que las historias de Vault of Horror eran presentadas por The Vault-Keeper.

La práctica de sustituir series sin reiniciar la numeración era cuestión de economía, pues para vender suscripciones cualquier título nuevo tenía que pagar un registro ante la oficina postal, y al seguir la numeración de una serie previa se evitaba ese pago. En ocasiones el servicio postal se daba cuenta de lo ocurrido, y así pasó con The Haunt of Fear, lo que obligó a la editorial a hacer el registro correspondiente y corregir la numeración a partir del cuarto número, causando cierta confusión al llegar a los números 15 al 17, que habían dado inicio al título.

 

Un detalle curioso, considerando lo que ocurriría años más tarde, es que Educational Comics tenía un código interno para regular el contenido de sus publicaciones. Éste había sido creado por Sheldon Mayer, editor de la compañía, a solicitud de Max Gaines. Su contenido era simple: nunca muestres a nadie siendo apuñalado o recibiendo un disparo. No muestres una jeringa. No presentes mutilaciones de ninguna clase. Nunca muestres un ataúd, y mucho menos a alguien dentro de uno. En perspectiva, pareciera que la clave del éxito de la compañía haya sido transgredir por completo el pequeño reglamento impulsado por el padre de Gaines.

La mayoría de las historias publicadas en los títulos de EC surgieron de sesiones matutinas en que Bill Gaines y su editor, Al Feldstein, discutían ideas. Estas reuniones llegaron a conocerse con el nombre de El Show de Bill y Al. De ahí surgían un puñado de ideas para desarrollar, que el propio Feldstein se encargaba de convertir en guiones.

Feldstein y Harvey Kurtzman, el otro editor de la compañía, eran también dibujantes, y solían hacerse cargo de las portadas y algunas páginas interiores. Para el resto se asignaba el trabajo a uno de los artistas contratados como colaboradores externos, entre los que se contaban ilustradores hoy legendarios, como Johnny Craig, Wally Wood, Jack Davis, Graham Ghastly Ingels, Will Elder, Frank Frazetta, Joe Orlando, John Severin, Al Williamson y Basil Wolverton, entre otros.

 

Gaines implantó una práctica inusual en aquel entonces: dar crédito a los autores. Lo común era que las historias aparecieran sin mención alguna de quien las había escrito o dibujado, pero no en EC. Gaines sabía que contaba con talento de primer nivel, y quería que el mundo lo supiera, así que además de los créditos solía incluir también semblanzas de los artistas, las cuales llegaban a ocupar toda una página.

Pero si el arte era el principal atractivo de los títulos de la compañía, comenzando con las portadas, el éxito de la línea debe mucho al estilo de escritura de Feldstein, sobre todo en los títulos de horror, donde hacía gala de su gusto por lo grotesco y macabro, aderezado con un fuerte humor negro. No era raro encontrar historias en que el arte fuese sólo el acompañamiento que daba atmósfera a los siniestros relatos del escritor y editor.

Gaines y Feldstein planearon alrededor de 150 historias de seis u ocho páginas entre 1950 y 1953, así que no es ninguna sorpresa que no todas fueran originales. Solían tomar ideas de anécdotas, de notas del periódico, o del libro 101 Plots Used and Abused, de James N. Young, así como de pulps y colecciones de cuentos, lo que más de una vez estuvo cerca de meterlos en aprietos.

 

Es famoso el caso de Ray Bradbury, quien se percató de que estaban adaptando sin autorización algunas de sus historias y envió una carta a Gaines, manifestando su satisfacción por la calidad de sus versiones, y su extrañeza al no haber recibido todavía ningún pago, lo que sin duda era un error sin mala intención. El empresario sabía que no podría ganar si Bradbury procedía por la vía legal, así que negoció con él para pagar 25 dólares por cada historia utilizada, lo que le permitía usar el nombre del autor para promover sus revistas.

Pese a esos detalles, sería injusto menospreciar el trabajo de Feldstein, que fue instrumental para el éxito de la línea gracias a que siempre buscaba nuevas formas de sorprender con su narrativa. Podía tratarse, por ejemplo, de cerrar no con uno, sino con dos giros argumentales, o de reflejar la situación social y política de la época. Tampoco mostraba el menor empacho en utilizar alguna figura pública, ya fuese vigente o histórica, para asegurarse que el mensaje de la historia fuera claro.

 

El éxito de los títulos de EC generó muchos imitadores en busca de un pedazo del pastel, llegando a publicarse en algún momento más de un centenar de títulos de horror, pero ninguno con los niveles de calidad o ventas de las series producidas por Gaines y compañía. Hacia 1953 se estimaba la circulación de sus títulos de horror en una cifra cercana a los 400 mil ejemplares, mientras que los de ciencia ficción y guerra vendían poco más de 200 mil.

Para 1954, los ingresos de EC eran cercanos a un millón de dólares al año, con una ganancia neta superior a los 50 mil dólares. Esta cifra proviene del testimonio proporcionado por Gaines ante el senado de los Estados Unidos en la audiencia que, a la postre, marcó el principio del fin.

En 1948 el doctor Fredric Wertham publicó dos artículos: Horror in the Nursery y The Psychopathology of Comic Books, con los que inició una campaña de desprestigio contra los cómics. En 1954 lanzó su libro Seduction of the Innocent, y poco después sirvió como testigo en una serie de audiencias organizadas por el senado estadounidense para discutir el problema de la delincuencia juvenil.

 

Gaines compareció de forma voluntaria para defender la posición de la industria, pero su declaración no tuvo mayor peso. La audiencia no provocó ninguna legislación, pero las autoridades hicieron un llamado para que la industria editorial moderase el contenido de sus publicaciones. Así surgió la Comics Magazine Association of America, organización formada por la mayoría de las editoriales, y el Comic Code Authority, un órgano de autocensura regido por esa organización.

EC se rehusó a integrarse a dicha organización, pero enfrentó un problema de distribución, pues muchos locales decidieron dejar de vender cualquier título que no tuviera el sello de aprobación del CCA, así que la editorial tuvo que ceder. Una de las prohibiciones del código era el uso de las palabras horror, terror y weird en el título, por lo que la mayoría de las series de la editorial fueron canceladas y sustituidas por publicaciones de otros géneros.

Las ventas se vinieron abajo. Las nuevas series fueron un fracaso, y en 1956 Gaines canceló todas sus publicaciones excepto la revista humorística MAD, que además de un contenido menos transgresor, era publicada en tamaño revista, con lo que se veía exenta de las limitaciones impuestas por el CCA. En 1960 Gaines vendió la compañía, que para entonces era sólo una sombra de lo que llegó a ser en la década anterior.

A pesar de su relativamente corta vida, las publicaciones de EC dejaron una huella indeleble en la cultura popular, y han sido objeto de múltiples reimpresiones en distintos formatos a lo largo de los años. Actualmente se publican dos colecciones, una enfocada a reproducir cronológicamente cada serie, y la otra a una selección de trabajos por autor, así que las nuevas generaciones pueden disfrutar la lectura de estas míticas historias.

 

Bill Gaines y Al Feldstein (1950).

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Author: Alberto Calvo

Alberto Calvo es escritor, traductor, editor y podcastero con más de 35 años leyendo cómics, siempre ha sentido curiosidad sobre  dónde se producen o qué técnicas se utilizan para crear los cómics, pero no encuentra mayor diferencia, pues lo más importante para él son las historias. Pueden escucharlo cada dos semanas en www.comicverso.org o leerlo de forma habitual en www.lacovacha.mx.

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