Faraón: La fastuosidad hecha historieta

Por Everardo Ferrer. Publicada originalmente en Comikaze #31 (mayo de 2016).

 

Entre los años 50 y 80 del siglo pasado, la historieta mexicana puede haber sido quizás el medio de entretenimiento más importante del país. Sus personajes eran conocidos por prácticamente todo mundo, y había tal cantidad de títulos que se cubrían todos los gustos para complacer al grueso del público, con la ventaja, ahora ya perdida, de que el material era apto para toda la familia.

Así fue hasta que los editores decidieron matar a los personajes titulares e inclinarse por la creación de títulos más bien genéricos, sin protagonistas susceptibles de algún eventual  reclamo por parte de los autores. Curiosa y lamentablemente, la mayoría de los creadores que en su momento dieron luz a los personajes más importantes de las viñetas mexicanas, como Ángel Mora (Chanoc), Sixto Valencia (Memín Pinguín), Juan Alba (El Pantera) o René del Valle (Kalimán), por mencionar algunos, no tuvieron de otra más que aceptar el nuevo rumbo que tomaba la historieta, pues de otra forma quedarían desempleados.

Desde mediados de los 80, Editorial EJEA marcó la línea a seguir por la historieta mexicana con la creación de los sensacionales, publicaciones vulgares que, sin embargo, contaban con un trabajo gráfico impresionante, pues la parte artística era cubierta por los mejores dibujantes de la época gloriosa del historietismo nacional, quienes hacían equipo con nuevos talentos para lograr que, invariablemente, el dibujo fuera muy superior a los guiones, más bien pobres.

 

Al encontrar los editores la obvia fórmula de la sexycomedia, desaparecieron los títulos familiares, pues casi todas las publicaciones se adaptaron a este nuevo nicho con una avasalladora respuesta del público que se reflejó en las ventas. Lamentablemente, la temática de los sensacionales convirtió a estos títulos en un producto para leer (a escondidas) y desechar.

Al paso de los años, la tendencia en los sensacionales fue un aumento gradual del contenido sexual en sus publicaciones, y al cierre de EJEA los títulos ya eran presentados por la propia editorial como sexacionales. Esto propició que el término historieta se volviera sinónimo de mala calidad, por lo que los artistas mexicanos comenzaron a decir que dibujaban cómics para marcar cierta diferencia entre lo que hacían y lo que representaba la escuela sensacional.

Ya en la segunda mitad de los 90, las editoriales Mango y Toukan fueron herederas directas de EJEA, y no sólo repitieron la fórmula de su predecesora, sino que la presentaron corregida y aumentada. Aunque no ofrecían tanta variedad de títulos como EJEA, ambas saturaron el mercado mexicano con sus novelitas cochinotas, cuya pobreza argumental se pasaba por alto cuando el arte, tanto de portadas como de interiores, era incluso mejor que el presentado en los cómics de licencia de la época.

 

Una joya condenada al fracaso

En la segunda mitad de la década del 2000, Toukan intentó un descabellado experimento con intención de alcanzar al mercado que EJEA se había encargado de extinguir: el familiar. En ese campo ya existía, sin mucho éxito, Místico: El Príncipe de Plata y Oro, título cobijado por la fama del luchador que devolvió momentáneamente la gloria a la lucha libre mexicana de principios de siglo.

El segundo intento fue un proyecto mucho más ambicioso que llevaba por nombre Faraón. La presentación del título, que reproducimos a continuación, era como las de las historietas de antaño, dirigiéndose respetuosamente al público y solicitando su apoyo a la publicación.

 A nuestras lectoras y lectores:

Con gran orgullo nos es grato presentar a ustedes su nueva revista Faraón, escrita e ilustrada por los mejores artistas de la historieta mexicana, diseñada especialmente para su entretenimiento y el de su familia.

Acompáñenos en esta singular aventura por el mundo milenario del Antiguo Egipto. Viva una hermosa historia de amor verdadero, enmarcada en un ambiente mágico y cargado de misterio.

Descubra con nosotros los secretos del Antiguo Egipto con sus misteriosas enseñanzas esotéricas, su sabiduría oculta y el conocimiento secreto que ha perdurado en forma sorprendente hasta nuestros días.

Esperamos que esta obra sea de su completa agrado, al igual que de su familia, con quienes podrá compartir las emociones y la belleza de esta conmovedora historia.

Muy cordialmente:

Los artistas de Editorial Toukan. 

 

Faraón  homenajeaba de forma evidente el trabajo artístico del maestro Antonio Gutiérrez (creador de la técnica del medio tono en Lágrimas, Risas y Amor), aunque el carboncillo y las aguadas fueron sustituidos por un color digital muy preciso, digno de cualquier cómic europeo.

La trama presentaba un muy bien llevado relato de amor e intriga cuyos protagonistas eran Akesha y el faraón Amosis II, quienes estaban rodeados de un grupo de personajes bien definidos, tanto aliados como traidores, que prometían dar fuerza y sentido a la historia escrita por Jorge Flores y adaptada por Rodolfo Cabral. En la historia, Amosis II se enamora de una cortesana, quien a su vez se enamora de éste. Un amor imposible a todas luces. Pero el protagonista no sólo debe lidiar con el conflicto que le produce su amor por la bella Akesha, sino que también debe  enfrentarse a la traición del sumo sacerdote Batán, quien desea a toda costa convertirse en el Señor de Egipto y hace todo lo que está en sus manos para lograr su ambicioso objetivo.

El apartado artístico presentó un equipo digno de una súper producción, conformado por Manuel del Valle en vestuario y figura; Andrés Tlakuilo Morán y Daniel Alvarado en el trazo; Luis Hernández en la escenografía; Cromix en el color y Sergio Pérez en los rótulos. Las portadas merecen una mención aparte, pues eran auténticas obras de arte, realizadas por un tándem muy especial: el maestro Rafael Gallur en el trazo, e Iván Santillán en el color.

Cómo era de esperarse, a pesar de su enorme calidad, Faraón fue un fracaso editorial. Aunque era un gran proyecto, nunca encontró al público adecuado, que definitivamente no era el lector habitual de Toukan.

De esta joya historietística sólo se publicaron ocho números, y aunque el noveno fue anunciado, jamás vio la luz.

Author: Everardo Ferrer

Everardo Ferrer es promotor y difusor de la cultura del cómic desde 1994, cuando publicó por primera vez El Factor Mutante en las páginas de la revista Códice Rock. Ha colaborado en las publicaciones especializadas más importantes que se han impreso en México: Súper Cómics, Noveno Arte, Comic Zone y Cenizas: Revista Narrativa Gráfica. Es socio fundador de Comikaze y fue el articulista más longevo de Grupo Editorial Vid, papel que repite en Editorial Kamite.

Share This Post On

Submit a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *