I kill giants o el cómic como catarsis

 

Al ver una película emocionante, leer un cómic entrañable o escuchar una historia inolvidable, tendemos a identificarnos con algún personaje. ¿Qué pasa si el personaje que nos identifica no es un héroe o el bueno de la historia, o ni siquiera de nuestro sexo? ¿O si nos identifica porque, como muchos lectores de cómics, cree que su mundo de fantasía es mejor que el mundo real?

Barbara Thorson refleja a esos ñoños que cumplen con el estereotipo: es huraña, musita cosas raras, juega rol, lee cómics, tiene pocos amigos y le cuesta relacionarse en sociedad. Encuentra más interesante el mundo que se ha fabricado y que en su soledad cobra vida propia. Ese mundo donde habitan hadas y ella es una asesina de gigantes, protectora de la humanidad y heroína del planeta. Todo va más o menos bien hasta que sus fantasías le traen problemas en la vida real, lo que para una niña de secundaria, en tiempos de bullying, corrección política y educación moralina, no es poca cosa.

 

 

Barbara esconde un secreto. Los gigantes que dice asesinar son metáforas de algo malo que le está sucediendo y con lo que, a su corta edad, no puede lidiar. Mientras se devela el secreto tenemos una historia de lucha contra la adversidad, mezclada con fantasía de capa y espada, en que la magia tiene un papel preponderante. Y por magia me refiero tanto a alterar la realidad como a eso que sucede cuando la gente trabaja por un objetivo común.

Barbara Thorson está basada en todos aquellos que han sufrido pérdidas y no pudieron lidiar con ellas. Es la voz elegida por Joe Kelly para proyectar el comportamiento de un niño ante el desastre en un cómic que funciona como terapia para entender el dolor anímico y donde el dibujante J. M. Ken Niimura sorprende con su dinámico y sensible estilo.

Joe Kelly no es muy conocido en nuestro país pese a que creó la personalidad más famosa de Deadpool (la mostrada en el cine no es la concepción original del personaje) y a que su historia What’s so funny about truth, justice and the american way, de Action Comics #775, con su discurso sobre la relevancia de los ideales heroicos en un mundo donde no parece haber cómo contener a los personajes oscuros y cínicos, haya sido adaptada en la cinta animada Superman vs The Elite.

 

En pocas páginas, Kelly señaló (a través de Superman) por qué debemos intentar ser las mejores personas que podamos, al tiempo que retomó el conocido axioma del Tío Ben. Estamos de acuerdo en que un gran poder conlleva una gran responsabilidad, pero ¿y si no tenemos la edad para ser responsables? O peor aún, ¿por qué debemos ser responsables de lo ocurrido a otras personas, sin culpa por parte nuestra?

En I kill giants (Asesino gigantes), Kelly y Niimura nos dicen que la única responsabilidad que debemos aceptar es la de no cesar la lucha.

Al inicio, la tridimensionalidad que Kelly otorga a Barbara está oculta. El autor desea mostrar a una niña berrinchuda, mal portada y lista para juzgar a la menor provocación, y evita que simpaticemos con ella. Es un engaño, porque es claro que el personaje lleva algo detrás y nos hace seguirla para descubrirlo. Y llegado el momento el motivo es claro: Kelly nos da una lección sobre lo nefasto que es juzgar a alguien por su comportamiento sin conocerlo a fondo. Toda la historia, hadas y gigantes incluidos, cobra sentido hasta conocer el secreto de Barbara.

 

El arte de Ken Niimura es otro aspecto sobresaliente del cómic. Con un estilo a medio camino entre el de Alberto Breccia y el manga moderno, es el vehículo perfecto para mostrar la divertida, terrorífica y esquizofrénica mente de Barbara. Su trazo sucio, el entintado difuminado y su clara narrativa nos guían en un viaje mental y espiritual que busca mostrar el interior de una persona agobiada por una ansiedad mal entendida.

Pese a todo lo anterior, el cómic no es una obra de autoayuda. Es simplemente la catarsis de alguien que sufrió una pérdida irreparable y trata de narrar el camino que siguió su dolor. Los gigantes que Babara enfrenta son metáforas de terrores como la muerte, la enfermedad, la pobreza y la incertidumbre, entre otros, y con este truco literario Kelly y Niimura cuentan una grandiosa historia sobre la naturaleza humana, en particular de los jóvenes y de los adultos que se obcecan en no dejar de serlo.

La historia puede verse también como un ritual de paso, de la transformación de niño a adulto, donde ser niño es vivir en la fantasía y adultez significa responsabilidad, pero no la arácnida antes mencionada, sino descubrir que nuestros actos tienen consecuencias y estas pueden no ser las que anhelamos, y que habrá veces en que los resultados no serán de nuestro agrado, pero sí necesarios.

 

Así, el cómic toma un cariz más serio. Donde antes fue simpático gracias a su historia sobre preadolescentes y su tierno y estrambótico dibujo, se convierte en algo serio y terrorífico, porque crecer y madurar (en el sentido de aprender a responsabilizarnos) puede ser tan aterrador como enfrentar a un gigante con sólo un llavero como arma.

En la escuela aprendemos a hacer cuentas, a escribir y hablar correctamente. Nos enseñan sobre el mundo, su historia y devenir, pero no nos dicen cómo comportarnos cuando la tragedia acecha. I kill giants tampoco lo hace, pero ofrece una historia bien escrita y dibujada, en la que más de uno se identificará con el personaje y descubrirá que a veces hay que enfrentar a los gigantes que nos atemorizan, y destrozarlos, pues sólo así seremos libres. No es un cómic de terror, pero contiene elementos aterrorizantes. Podría considerarse precursor de la nueva oleada de películas que pretenden infundir miedo a través de metáforas sobre la locura, el acoso sexual, las enfermedades venéreas y la ignorancia. The Babadook (Jennifer Kent, 2014), It follows (David Robert Mitchell, 2015) y The Witch (Robert Eggers, 2015), son cintas que muestran los miedos que el crecer trae consigo. Miedos mundanos, realistas, y a veces propios de enfermedades o situaciones límite. Esto ya se había visto en I kill giants, de la que pronto habrá versión en cine.

Rían, enójense, lloren y sorpréndanse con este cómic. Es parte de la selecta lista de historias gráficas que deben estar en toda comicteca que se respete, y demuestra lo limitado que es el cómic de superhéroes cuando no se permite a sus autores explotar el potencial del medio. Joe Kelly puede ser famoso por su trabajo en Deadpool, pero I Kill Giants es la obra que lo volverá inmortal.

 

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Author: Rodrigo Vidal

Biólogo, divulgador, cultista de Cthulhu y quejica profesional. Comenzó sus diatribas en revistacinefagia.com, donde sigue analizando el contenido social del cine ñoño. Ha hecho radio en Neurótica FM, Radio UNAM y actualmente en el internet a través de circovolador.org, con los programas Puros Cuentos y La Mala Cabeza. Fue guionista y conductor del programa Paracinema, el cine de lo anormal, transmitido en el canal Pánico. Es coautor del libro Mostrología del cine mexicano.

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