Miller: El Hombre sin Miedo (parte 1)

Hace casi 40 años, en mayo de 1979 para ser exactos, un jovencito de 22 años se mostró como el nuevo dibujante de Daredevil, un cómic de segunda. Los contados lectores de ese título atestiguaron el surgimiento de, probablemente, el escritor norteamericano más importante del cómic. Con motivo de la próxima visita de Frank Miller a La Mole Comic Con, rescatamos una serie de reseñas que la banda Comikaze dedicó a lo más destacado de su carrera.

Daredevil: Un diablo en ascenso (1979-1983)

Por John Mulder Alvea. Publicado originalmente en Comikaze #7 (septiembre de 2014)

Hace tres  décadas cayó en mis manos un  ejemplar de Daredevil, uno de los heroicos personajes de Marvel,  cuyos guiones habían sido recién encargados a un extraño y delgaducho dibujante,  oriundo de Olney, Maryland, llamado Frank Miller, quien llevaba ya algunos números dibujando las, por ese entonces, monotemáticas aventuras  del justiciero  de los cuernos, quien era considerado un segundón y habitaba un título al borde de la cancelación.

Al encargarse de la historias del ciego abogado Matt Murdock, que en las noches combatía al crimen como Daredevil, El hombre sin miedo; Miller  cambió al personaje por completo y, sacando un par de ases  de su manga de tahúr, los aplicó  inteligentemente: el primero de ellos  fue utilizar  (reciclar, mejor dicho) elementos y personajes que habían caído en desuso en otras series de Marvel.

Así, Miller puso en acción a Wilson Fisk, Kingpin (El Rey, en las traducción mexicana de los 80), tras rescatarlo del olvido que implicaba ser un villano más de Spider-Man, y lo convirtió en la némesis de Matt Murdock. Fisk, un gigantesco mafioso con mucha clase,  fue el hilo que usaría Miller, para profundizar en historias llenas de pandilleros, callejones oscuros, y mucho, pero mucho crimen.

La otra gran jugada fue la creación de una ninja asesina llamada Elektra, quien desde el primer número de la  saga de Miller (Daredevil #168, enero de 1981) se descubrió como una letal cazadora de recompensas que pondría en apuros al héroe. Pudimos ver que ella era  hija de un embajador griego, así como el primer amor de un novicio Murdock,  mientras éste asistía a la Universidad de Columbia. A raíz de una tragedia, que cobró la vida de su padre, Elektra desaparece, sólo para regresar convertida en una violenta mercenaria, aquella Elektra mitológica que escogió el camino de la venganza y la violencia.

Las historias millerianas de Daredevil y Elektra marcaron época, gracias a su tono noir: duro, urbano y oscuro, lleno de elementos cinemáticos  propios de la novela negra. Desde su primera aparición, la Elektra de Miller llenó  con su carisma la serie, robándole incluso el protagonismo a Daredevil en varias ocasiones. A través de sus universos disímiles (él, sirviendo la ley como un héroe abnegado, sufriente y humano; ella, como una asesina que vende sus servicios al mejor postor) se conjuntaron los elementos para una violenta y llena de pasión historia de amor imposible y quimérico.

Miller rescató a Daredevil  de la mediocridad, logrando que sus aventuras y las de sus personajes de apoyo se convirtieran en unas de las más interesantes en los lejanos 80, gracias a una postura visionaria y una mezcla heterogénea de mitos urbanos y superhéroes que convirtió al título en algo que estaba a galaxias de todo lo que se publicaba en ese entonces, pues con Daredevil se creaba la paradoja del cómic de superhéroes que no parecía tal. Esa es su principal magia, al punto de que autores como Brian Michael Bendis y Ed Brubaker bebieron de la fuente mitológica de Miller. Sin duda, la época de Miller en Daredevil es algo que cualquier lector debería experimentar.

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Continuará…

 

Dato Comikaze

Miller confesó que Elektra fue concebida gracias a la influencia de Will Eisner y su personaje Sand Saref, femme fatale del cómic The Spirit.

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