Providence: el libro prohibido de Alan Moore

Por Dán Lee. Publicado originalmente en Comikaze #34 (marzo de 2018).

 

Tomemos los clichés que los imitadores del autor H. P. Lovecraft han repetido hasta el hartazgo: un libro prohibido, un investigador de lo oculto, adoradores del mal y seres oscuros que coexisten con la humanidad desde rincones apartados de la civilización. Demos estos elementos al mayor alquimista del siglo XX: Alan Moore, autor capaz de trastocar cualquier sustancia en sus alambiques y convertirla en algo nuevo y mejor.

El resultado: Providence (Avatar Press, 2017), la mayor aportación a los mitos de Lovecraft en lo que va de este siglo. Secuela y precuela a la vez; Providence clausura la trilogía que arrancó con el cuento The Courtyard (adaptado al cómic por Anthony Johnston y Jacen Burrows) y siguió con la serie Neonomicon (Moore y Burrows).

La ciudad de Providence fue fundamental para la vida y obra de Lovecraft; el título de la serie resume en una palabra los escenarios que el protagonista recorre. Además, la historia está ambientada en 1919, año en que los relatos de éste cambiaron drásticamente en pulso y contenido.

 

 

La llamada del inconsciente

La premisa de la historia es también un recurso de los mitos de Lovecraft: (a) Robert Black, un aspirante a escritor busca un texto de conocimientos arcanos que vuelve locos a sus lectores; (b) en su pesquisa el protagonista descubre la existencia de una logia secreta (Stella Sapiente) que desea atraer a este mundo algo que trastocará la realidad para mal; el culto está compuesto por practicantes de un tipo de magia que implica sacrificios y contacto (a veces íntimo) con seres no humanos; (c) el viaje roza el mundo onírico.

Moore trastoca estos clichés: (a) el protagonista es gay y judío, minorías rechazadas en la época de la historia y por Lovecraft mismo; (b) la búsqueda lo lleva a visitar las ciudades, pueblos y paisajes que inspiraron los relatos más reconocidos del autor (Nueva York, Boston, Massachussets, Salem, Athol, Providence). Los miembros de la logia están basados en personajes prominentes de la obra de Lovecraft, presentados como personas desviadas (sí, es Moore, hay sexo en escenas poco comunes); la conducta de estos seres y la forma de representarlos los vuelve inquietantes y repulsivos.

Moore une estos hilos en un tejido que refuerza y da sentido a los mitos, por lo que los lectores familiarizados con la obra de Lovecraft se sentirán paseando por barrios conocidos y peligrosos, con un nudo de impotencia en la garganta al ver cómo Black se hunde; (c) el mundo onírico y sobrenatural toma significado: es una representación del inconsciente humano.

 

De acuerdo con Providence,  los terribles contenidos del inconsciente alguna vez dominaron el mundo real; las ideas oscuras, las palabras alienadas y el caos coexistieron con la humanidad y lo harán de nuevo si las cosas salen bien para Stella Sapiente. Lovecraft aparece como personaje en Providence; un Howard de 29 años, aún lejano a su rol como el narrador que transformó la literatura de terror. De acuerdo con la hipótesis en esta ficción, el encuentro entre Lovecraft y Robert Black fue el catalizador para que la obra del primero evolucionara en la dirección que lo hizo.

El terrible anciano

Cuando Alan Moore decide sumergirse en un tema, lo hace hasta el fondo. En Providence se palpa en cada viñeta el trabajo de investigación. Los detalles históricos recrean los Estados Unidos de 1919: su disposición urbana, acontecimientos, letras musicales, carteles. Moore indagó los datos necesarios para dar solidez a la historia, y Burrows los reflejó con precisión de antropólogo.

En una línea paralela de investigación, Moore respiró los mitos de Lovecraft a lo largo del tiempo que dedicó a Providence. En cada página hay una referencia a una obra de Lovecraft, alguno de sus precursores o seguidores. Esto, sumado a la yuxtaposición de imágenes con diálogos y el uso de términos con dos o más significados para dar intenciones múltiples a un misma escena, nos arroja un cómic que avanza rápido pero invita a la relectura continua, especialmente después de llegar a la viñeta final.

 

Otro aspecto que espesa más cada número de Providence es la inclusión del diario que Black escribe a lo largo de su camino por la geografía lovecraftiana, así como folletos o lecturas que el protagonista encuentra en las locaciones visitadas; aunque estas páginas parecerían sólo dar información extra, son esenciales en la resolución de la historia.

Al tratarse de Moore, no faltan las secuencias narrativas geniales. Destacan aquellas en que el curso del tiempo se deforma. En especial, la transferencia de personalidades del número seis es una escena muy perturbadora.

El modelo de Burrows

La sobriedad del trazo de Burrows sirve como trasfondo para contrastar los momentos en que aparece lo sobrenatural. El mundo en Providence es tan parecido al real que cuando lo ajeno irrumpe, la intrusión es memorable.

Las portadas representan solamente locaciones. Con ellas, Burrows subraya la importancia de los lugares que marcaron a Lovecraft y marca el trayecto de la historia. Las escenas tienen la fuerza suficiente para que el lector evoque con esa imagen los hechos de cada número.

Providence es una lectura densa que exige al lector una buena memoria; esfuerzo que se verá recompensado. Sin embargo, tiene un defecto: el final es incomprensible si no se conocen las historias previas (las ya mencionadas The Courtyard y Neonomicon). Se recomienda visitar la trilogía entera para darse un banquete oscuro con sabor a horror cósmico de la mejor manufactura.

 

Nuestro colaborador

Traductor y corrector de estilo desde hace 20 años, ganó el Premio Nacional de Cuento en 2009 (Premio Rafael Ramírez Heredia) y 2013 (Premio Acapulco en su tinta). Es autor de los libros de narrativa Función Monstruo (Miguel Ángel Porrúa, 2013) y Mentiras bien contadas (UNAM, 2014). Autor del libro académico Un descenso al abismo (Editorial Académico Española, 2012). Miembro del colectivo artístico This is Lucha Libre, ha colaborado en más de veinte antologías de cuento nacionales e internacionales, así como en revistas de literatura impresas y electrónicas como Día Siete, Punto de Partida, Cultura Urbana, Revista Mexicana de Literatura, Vozed, Penumbria, Furia de Titanes, entre otras.

 

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