Míster Fantástico: Una plática con Rémy Bastien (parte 2)

Por Bernardo Fernández, Bef . Publicado originalmente en Comikaze #9 (julio de 2010).

 

Ya en la primera parte de esta entrevista, el legendario Rémy Bastien nos compartió un poco de su trayectoria en el mundo editorial, tanto al frente de los títulos de Marvel y Hanna-Barbera como en la edición de historietas populares. En esta segunda parte, le pasamos al micrófono para concentrarnos en los elementos prácticos del cómic en tanto a la ramificación del negocio editorial.

Generoso, como siempre, Rémy comparte con los lectores de Comikaze su visión de la historieta popular mexicana hoy en día, de la falsa separación entre el concepto de historieta autoral y las ventas masivas, así como su prospectiva, con más de treinta años de labor en el medio, para el futuro del cómic en nuestro país.

Hay otro factor importante. Aunque no tengo los datos precisos, las editoriales, en los años 80, podían aplicar utilidades a reinversión, en vez de pagar una cantidad “x” de impuestos. Crear fuentes de trabajo, pues, en vez de pagar cierta tasa de impuestos. Esta concesión o privilegio o beneficio fue achicándose, año con año, hasta que en algún momento de la década antepasada (los 90), llegó a cero. En cualquier ramo de producción industrial, contracción del mercado más nuevas reglas tributarias llevan a cuidar la inversión y a buscar las opciones de mayor potencial antes de gastar.

 

Después de haber trabajado con Rius ¿consideras posible hoy en día la aparición de una historieta popular de autor?

Hoy en día, pienso que si bien un éxito como el de Rius bien podría ser posible, sucedería dentro de parámetros distintos a los de los 70. Dudo que pudiera ser una publicación 100 por ciento en papel, en principio. Quizá sería una combinación de revista en papel y revista digital. También sería una cuestión de que el creativo pudiera alcanzar un amplio espectro de la población. Rius llegaba a todos.

Y algo muy importante: en los 70 (y antes, durante décadas), por ejemplo, la historieta tenía un valor reconocido, no sólo de entretenimiento. Era un medio mediante el cual el público podía acceder a información, a conocimiento, a ideas. Existía una clara conciencia de que la historieta tenía un valor práctico. Había historieta utilitaria, por así decirlo. Para los jóvenes, para adultos, Rius tiraba la neta, y esa percepción no estaba equivocada. Ondas de ideología de izquierda aparte, Rius trató con precisión y claridad temas como ecología, derechos humanos, sexualidad, religión y sociedad, nutrición.

Una buena pregunta sería: ¿quién hará La panza es primero* (libro ilustrado de 1972, en el que Rius abordaba el problema de la mala alimentación en México) para las generaciones de hoy? Rius realmente motivó a mucha gente a reconsiderar sus hábitos alimenticios. 

 

¿Y hay posibilidades reales de que exista una revista de distribución en los puestos que concilie calidad artística con los implacables requerimientos del negocio? Es decir, ¿podría ser negocio una historieta mexicana de autor en los términos del cómic popular?

Pienso que cualquier editor razonable está siempre a la espera de una buena idea. De eso vive el negocio editorial. Aunque los paradigmas financieros, sociales, los hábitos de lectura y las formas de entretenimiento han cambiado radicalmente en las últimas dos décadas, ahora cualquier inversión a nivel masivo requiere de cautela, visión y mercadotecnia.

Los puestos de periódico ahí están y estarán muchas décadas todavía. Pero pienso que un nuevo fenómeno de historieta, tendría que combinar una base en papel, en puestos, con otra base, digital, en la web. Pienso también que la relación “historieta de autor” e “historieta de producción industrial” es relativa. Para mí, éxitos inmensos en su época, como La familia Burrón, Los Supersabios y Chanoc eran realmente historietas de autor. En sus mejores momentos, su calidad artística era muy sólida. Impulso creativo “de autor” no implica necesariamente contradicción con ventas masivas. 

 

Finalmente, ¿cómo ves el futuro de los cómics en nuestro país? ¿Qué piensas de la proliferación de los webcómics mexicanos? ¿Te gusta alguno?

Pienso que cómics e historietas, en México, tendrán el futuro que editores y creativos quieran y sepan darles. Quizá hoy es difícil, o muy difícil, encontrar millares o millones de lectores en papel, sobre todo jóvenes, pero en Internet, ahí están. Creo que, a nivel histórico, a nivel social y cultural, México, como país, como industria editorial, privada y pública, cometió un error inmenso al descuidar la historieta.

Y también pienso que quizás, el renovar o revivir la historieta como medio perfectamente válido de lectura, de entretenimiento, como medio de comunicación diversa, utilitaria, debe comenzar con los niños. Si ellos ya no tienen historietas, cuando sean adolescentes no las van a buscar, y cuando sean adultos, menos. Esto es algo que no han perdido de vista nunca los europeos, los norteamericanos, los japoneses.

En Europa, en Francia o España, estadistas y políticos de primer nivel, líderes de opinión y artistas de primera línea, recuerdan sin vergüenza alguna sus lecturas de infancia de cómics, y muchos los siguen frecuentando, leyendo y releyendo, y lo dicen abiertamente. El estigma de la historieta, en México, realmente no existe en esas sociedades, donde la historieta tiene un valor real, igual que el cine, la novela o la música popular. En esto, los que han salido perdiendo, somos los mexicanos. 

No quiero hablar sin conocimiento cabal de causa, y de los webcómics nacionales, sin decir nombres, comentaré que los pocos que he visto, no despiertan realmente mi interés particular. Pero sí he visto ejemplos magníficos de chispa e inventiva en nuevas generaciones de creativos. El talento ahí está. Y el reto de llegar al gran público también, un reto más grande que nunca.

 

Para cerrar, ¿qué le dirías a los jóvenes interesados en profesionalizarse en este oficio?

¿Qué puedo decir? La historieta es un medio sensacional, con sus genios y horrores, y siempre es útil conocerlo a fondo. Pienso que quien desee realmente desenvolverse en este medio debe considerarlo como un área de las artes gráficas en toda su magnitud. Valga un paralelo con el rock. El rock no es una “música aparte”. Es parte de la música en su totalidad. ¿Por qué limitarse? Si alguien quiere ser “historietista” (u, ¡horror!, una subespecialidad estrecha como “trazador”) ¿por qué mejo no pensar de una vez en ser “profesional de las artes gráficas”?

Hago cómics, pero tengo presente la evolución de las artes gráficas, de las cuevas de Altamira hasta el expresionismo abstracto y más allá. Pienso que la resonancia universal del incomparable Alan Moore, por ejemplo, se sustenta, en su genio particular, y en que trabaja con clara conciencia de la tradición histórica del cómic, pero es obvio que, además, conoce y tiene presente la tradición.

 

 

 

Nuestro colaborador

Reconocido novelista gráfico y no gráfico, Bef fue fundador y coeditor de la revista Sub; colaborador de los fanzines Felina, Hemofilia, Molotov, Número X y Tripodología Felina, así como director de arte de la revista Complot Internacional (1997–1999). Colaborador de diversas revistas entre las que destacan Día Siete y Golem, fue editor y compilador de la antología Pulpo Comics de historieta nacional de ciencia ficción. En 1999 recibió el Premio Nacional de Periodismo del Club de Periodistas de México por su labor en Complot Internacional, mientras que en 2005 ganó el premio de novela policiaca Otra Vuelta de Tuerca 2005, convocado por editorial Planeta y el Gobierno del Estado de Querétaro, por Tiempo de Alacranes. Por esa misma obra recibió el premio Memorial Silverio Cañadas 2006, que se otorga durante la Semana Negra de Gijón. También recibió el Premio Ignotus de la Asociación Española de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror 2007, por Gel azul, y el Premio de Novela Grijalbo 2011, por Hielo negro. En 2010 creó Espiral, novela gráfica recursiva y sin diálogos, publicada por Alfaguara México, con la que celebró veinte años como narrador. En 2011 ilustró la novela gráfica para niños La calavera de cristal, en coautoría con Luis Villoro. En el terreno del cómic, su más reciente obra es Uncle Bill. Parte de su trabajo comiquero ha sido recopilado en los dos tomos de Monorama, publicados por Editorial Resistencia.

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