Másomenos una histerieta: Entrevista con Luis Fernando

Por Jorge Tovalín. Publicado originalmente en Comikaze #32 (2016). Imágenes cortesía de Luis Fernando

 

Sin demeritar los esfuerzos actuales por generar historieta mexicana de calidad, muchos estarán de acuerdo con que las dos décadas finales del siglo pasado fueron el último gran momento del cómic nacional de autor. La aparición de dos suplementos dedicados al tema, Másomenos e Histerietas, uno heredero del otro, no sólo representó la creación de nuevos escaparates para el cómic mexicano, sino también de espacios donde semana a semana un grupo de inexpertos artistas luchó por superarse una y otra vez. Para recordar la importancia de estos suplementos, Comikaze platicó con Luis Fernando, respetado artista que fue miembro fundador de ambos proyectos.

 

¿Cómo apareció Másomenos?

El periódico Unomásuno surgió a mediados de los 80, para convertirse en el diario más moderno y dinámico de México, pues rompió muchos esquemas en la cobertura y presentación de la información mientras que el resto de los periódicos eran dinosaurios, sin importar las firmas importantes que trabajaran en ellos.

 

Unomásuno revolucionó el periodismo mexicano en su momento, con cosas impensables como una enorme sección diaria de cultura. Y no digamos del suplemento sabatino, que en su inicio era coordinado por Fernando Benítez, toda una institución. En la sección cultural también comenzaron a incluirse fotografías de desnudos… recuerdo hubo una famosa de un joven muy bien formado bañándose en una fuente pública. Otro ejemplo revolucionario se hallaba en las entrevistas, pues cuando un personaje decía alguna grosería, ésta permanecía en el texto.

En una ocasión, Magú, quien era el caricaturista editorial de Unomásuno, se puso de acuerdo con Manuel Becerra Acosta, director del diario, y entre ambos decidieron lanzar un suplemento semanal de historietas, realizado por jóvenes que pudieran crear sus propias loqueras, con un contexto mexicano. Y no hablo de charros y adelitas, sino de su realidad actual.

Me enteré de que el diario lanzó convocatoria gracias a un primo mío, que era reportero de la sección policíaca del periódico y que sabía que yo hacía mis historietas personales. Las dibujaba para mi cajón, pues no eran nada profesional todavía, y además no había dónde publicarlas.

Si ibas a Novaro o a la industria (en un sentido amplio) había fuentes de trabajo si es que lograbas entrar, pero si traías otro tipo de propuesta, no había dónde. Así que la creación del suplemento Másomenos fue una coyuntura maravillosa, prácticamente mágica, para quienes queríamos ser autores de cómics generados por nuestra imaginación.

 

¿Cuáles eran sus influencias?

Todos veníamos del movimiento del comix underground gringo, al cual le debíamos mucho. Admirábamos a Robert Crumb, Gilbert Shelton, a Victor Moscoso, y a europeos como Enki Bilal, Moebius y Hergé, pero también a clásicos como el Little Nemo de Winsor McCay o el Krazy Kat de George Herriman.

En ese entonces era muy difícil conseguir una revista o libro que hablara de ellos. En la Zona Rosa había librerías padrísimas a las que llegaba cómic gringo y donde, cuando estaban al alcance, comprábamos cómics de Charles Burns, o libros de Edward Gorey, quienes nos educaron mucho.

¿Cómo se planeó el primer número de Másomenos?

Comenzamos a trabajar en él en 1978, a modo de taller, un año antes de su aparición impresa. A partir de la convocatoria Magú fue eligiendo gente. Algunos se quedaron, otros no, y a otros más les pidió pruebas. Entrevistó a mucha gente, yo entre ellos. Los seleccionados nos reuníamos en el periódico cada semana, todos llevábamos nuestra historieta a lápiz y las comentábamos entre nosotros. Entonces la tarea era regresar la siguiente semana con la historia entintada y llevar una nueva para ser criticada. Cabe decir que todos estábamos empezando y que ninguno de los fundadores había publicado antes.

Fue así que trabajamos un año, hasta que el primer número salió a la luz el 14 de noviembre de 1979, aprovechando un aniversario del periódico. Cabe decir que Unomásuno pagaba bastante bien y que nos dejaba publicar lo que quisiéramos, mientras estuviera bien hecho.

 

¿Quiénes se encontraban entre los fundadores?

Al inicio estaban El Fisgón, Sergio Arau (antes de ser rockero), Jis, un caricaturista político llamado Alán, Honorio Robledo, que hoy es ilustrador, y yo. Posteriormente entraron Gonzalo Rocha, Manuel Ahumada, y algunos otros que llegaron y se fueron por alguna razón. Arau y yo éramos los más grandes de todos los veinteañeros, mientras que el más chavo era Rocha, un adolescente apenas. Digamos que el promedio de edad era de unos 23 años.

¿Cómo se dio el paso a Histerietas?

Másomenos tuvo una vida de tres o cuatro años, hasta que hubo una escisión en el periódico, pues la base de los periodistas comenzó a sentir que se había traicionado el proyecto del Unomásuno. Así que todas las grandes firmas editoriales, los fotógrafos y caricaturistas, salieron del diario en masa y fundaron La Jornada en 1984, gracias al apoyo de la sociedad civil. Vale subrayar que, antes del rompimiento, varios de los que colaborábamos en Másomenos también estábamos insertados como caricaturistas políticos en Unomásuno.

Cuando el nuevo periódico se estabilizó, Magú habló con Carlos Payán, su director, pues aún tenía el gusanito de retomar el proyecto. Fue así que el 19 de septiembre de 1987 apareció Histerietas, unos tres años después de la fundación de La Jornada, que ya estaba posicionado como el mejor periódico. El suplemento contó con la misma gente, entre los que estaban Rocha, El Fisgón, Ahumada, Jis (ya con Trino), Damián Ortega, Abraham Cruz Villegas, Tacho y Rictus.

 

Histerietas tenía la misma visión de Másomenos, pero nos encontró con más experiencia como autores. Según cuenta Magú, por el suplemento pasaron más de 70 historietistas, entre ellos Cecilia Pego, Edgar Clément, Pepe Quintero, Ricardo Camacho, gente que salió de El Gallito Inglés y que tuvo cabida en Histerietas. Sé que incluso participó Juanele, poco tiempo antes de que el proyecto llegara a su fin.

El suplemento terminó entre 2003 y 2004, cuando La Jornada, por cuestiones editoriales, decidió cerrar todos los suplementos. El diario pasaba por una etapa de crisis, de apatía, había perdido la fuerza con la que había comenzado. Se había burocratizado y convertido en un elefante, además que desde arriba ya no se generaban nuevos proyectos.

Aunque la noticia de su fin llegó de un momento a otro, ya la veíamos venir. A nadie le extrañó el término del suplemento. Nadie dependía de él en sí, porque todo mundo andaba en mil cosas, ilustrando y sacando libros para editoriales. Trabajo no faltaba. De ahí seguimos publicando en otros lados, como en El Gallito Inglés, donde yo seguí colaborando.

 

¿Cuáles consideras las tiras o secciones más representativas de Histerietas?

El trabajo de Manuel Ahumada y su visión de la Ciudad de México, por ejemplo, pues en sus historietas mezclaba la realidad con la fantasía, la poesía, lo lírico, lo noctuno. Era algo que ya venía manifestando desde el Másomenos. Curiosamente sus historias, protagonizadas por El Chimino, no eran del gusto de Magú, debido a su tono oscuro y su humor negro. Lo rechazó durante unos tres o cuatro meses, aunque El Fisgón, Arau y todos le decíamos que era muy bueno. Al final Magú cedió, y apenas comenzó a publicarlo se volvió un éxito, y poco tiempo después Ahumada era el que entregaba los mejores trabajos.

Por otra parte, Jis y Trino revolucionaron el lenguaje con personajes como El Santos y La Tetona Mendoza. En broma les decíamos que habían echado a perder a una generación, porque ya todo mundo quería ser como ellos, y entonces cuando llegaban chavos a pedir trabajo a La Jornada, traían cómics llenos de sexo, groserías, falos y pechos desmesurados, pero no tenían gracia ni ingenio. Sin La Jornada, Jis y Trino no habrían tenido ese éxito nacional. Ningún otro periódico los habría publicado.

 

¿Cuál es la gran herencia de ambos proyectos?

Gracias a la exposición Puros Cuentos (exhibida en el Museo de Culturas Populares en 1987) nos enteramos de que en los años 30 hubo cómics mexicanos a color en los periódicos. Eran una maravilla realizada por mexicanos de los que después no se supo más. El único que sobrevivió de esa generación fue Chicharrín y el Sargento Pistolas, de Guerrero Edwards.

De esta forma, aunque no lo supieramos antes, Másomenos e Histerietas retomaron la tradición de insertar cómics mexicanos en el periódico, propiciando una nueva camada de historietistas que no querían saber nada de la industria, sino crear sus propias historias y dar rienda suelta a todas sus motivaciones artísticas.

Ambos suplementos estimularon a mucha gente, tanto a los lectores como a los autores. Fueron una opción de historieta para el público mexicano, cuya continuidad ahora existe en Internet, un espacio que desde 2008 ha sido una salida para la historieta mexicana autoral.

¿Crees que vuelvan a surgir suplementos similares?

Ahorita no veo ni por dónde pueda surgir un suplemento que pueda darle espacio a todos los que ahorita publican en la red. Además, los periódicos impresos van a la baja. El panorama es triste en ese sentido. Por otro lado, son muy pocas las editoriales que publican cómic mexicano. Están Resistencia, que tiene más de una década de publicar recopilaciones y obra inédita, y Sexto Piso, que le publica a algunos mexicanos. No sé qué pasó con Caligrama, pues realmente no tiene una continuidad. Por ahí el sello Jous quiso sacar algo, mientras que otras editoriales sólo imprimen cosas del extranjero, lo cual está bien, pero no publican cosas mexicanas.

 

Datos Comikaze

  • Inicialmente, Rafael Barajas firmaba con el nombre de El Cuentagotas, que no era del agrado de sus colegas. Ellos le insistieron en cambiarlo a El Fisgón, nombre de uno de sus personajes más reconocidos.
  • Entre los suplementos especiales que dibujaron los miembros de Histerietas se encontraron Los 500 Coños, que conmemoró a manera de parodia los cinco siglos de la llegada de Colón, y El cácaro, que celebró el primer centenario del cine.

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+ El canto del Gallito (1992-2001)

Author: Jorge Tovalin

Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la UNAM, estudió la Maestría en Mercadotecnia y Publicidad en la IBERO. Fue productor y conductor del programa de radio semanal sobre cómics La Quinta Dimensión, en la estación cultural 95.7 FM El Politécnico en Radio (2004-2007). Articulista de Editorial Vid por cuatro años, en títulos como Batman, Superman, Justice, Wonder Woman, Watchmen y Una muerte en la familia, entre otros, desde 2008 es coordinador editorial y coeditor de Comikaze, único medio impreso mexicano dedicado en su totalidad a la difusión del cómic. En los inicios de Editorial Kamite se desempeñó como articulista, antes de ser invitado a ocupar el cargo de Editor en Jefe de Bruguera Comic Books. También ha trabajado con Caligrama Editores y Corteza Editorial, sellos especializados en cómic. Desde 2012 ha colaborado con La Mole Convention, ya sea como coordinador de prensa, content manager o community manager, y desde 2019 forma parte del equipo de apoyo del popular youtuber especializado en juguetes Madhunter.

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2 Comments

  1. Hola. Tengo años investigando sobre los primeros trabajos de Trino, y me da curiosidad también por toda la generación de moneros de Guadalajara de los 80s. ¿De dónde salieron esas fotos? Es muy raro encontrar fragmentos y ejemplares en sí, como los Galimatías y más difícil aún los de Unonoesninguno, ó Los Manuscritos del Fongus de JIS. Si puede ayudarme ó proporcionarme un lugar para buscar, estoy aquí. Gracias y saludos.

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    • Hola, Israel. Las imágenes de esta entrevista fueron proporcionadas por Luis Fernando. Nos mandó estos scans para ilustrar la nota.

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