Robin: 80 años del eterno petirrojo

Por Jorge Tovalín. Adaptado del artículo publicado en Batman: Muerte en la familia (Editorial Vid, 2009).

 

Hablar de Batman sin mencionar a su compañero Robin, también conocido como El Joven Maravilla (The Boy Wonder), es una tarea casi imposible, si lo que se quiere es abordar el mito del Hombre Murciélago de forma entera. Para muchos lectores, así como para los millones de personas que conocen a los dos justicieros de Ciudad Gótica gracias a las películas, caricaturas y la serie de televisión con Adam West y Burt Ward (que en su tiempo ratificó la presencia del Dúo Dinámico a nivel global), Robin es un elemento inseparable en la fórmula que compone a Batman.

Para comenzar, debemos mencionar que Robin tiene un lugar muy especial en la historia del cómic de superhéroes, pues el chico del antifaz ha sido considerado por muchos el primer compañero infantil o sidekick de un superhéroe, prototipo que en años posteriores todas las editoriales del género repitieron hasta el desgaste.

¿Y cuál es el rol de los sidekicks? Básicamente la función de estos personajes es servir como escuderos de los héroes adultos, con quienes establecen usualmente una relación de maestro y alumno. El joven escudero es entrenado por su mentor, para que llegado el momento supere todas las pruebas y alcance el rango de caballero, es decir, se convierta en un superhombre. También hay casos en que estos personajes, comúnmente más humanos y falibles que el protagonista imbatible, sirven de contrapeso humorístico. El caso del debut de Robin en 1940 es muy interesante, pues su aparición alcanzó un éxito inusitado, duplicando en un abrir y cerrar de ojos las de ya por sí buenas ventas que lograba Batman en solitario en las páginas de Detective Comics.

 

Aunque Batman y su alter ego eran tremendamente populares y atractivos para los lectores, la existencia de un muchachito que acompañaba al héroe en todas las aventuras fue un golpe de genialidad, ya que los niños se identificaron rápidamente con Robin. Claro, ¿quién no querría combatir el crimen junto con el Hombre Murciélago?

Como señalábamos antes, tras la llegada de Robin se desencadenó una fiebre de sidekicks que alcanzó a personajes como Aquaman, Captain America, Human Torch, Sandman y Captan Marvel, entre otros, quienes comenzaron a acompañarse de uno o más niños en sus aventuras (como en el caso de este último), con la intención de que sus nuevos compañeritos contribuyeran a incrementar las ventas de los personajes señalados.

De hecho, el mismo Captain Marvel (posteriormente conocido como Shazam), quien tuvo numerosos acompañantes en su época dorada, superó repetidamente en ventas a Superman, quien curiosamente no ha tenido jamás un compañero estable de correrías.

 

 

¿Una maravilla con tres padres?

Sobre la creación del personaje existen varias versiones, todas interesantes, ya que cada uno de los integrantes del equipo creativo de Batman (Bob Kane, Bill Finger y Jerry Robinson) aseguraba ser el principal responsable de la creación del jovencito.

Según el guionista Bill Finger, él platicó con Bob Kane sobre la necesidad de que Batman tuviera un compañero, alguien con quién interactuar de la manera en que lo hacía Sherlock Holmes con el doctor John Watson, por lo que ambos decidieron crear una nueva figura con la que los lectores jóvenes pudiera identificarse.

A su vez, el dibujante Bob Kane aseguró haberse inspirado en un legendario personaje británico para crear al compañero de Batman: Robin vestía la túnica y las botas de Robin Hood, ese fue su disfraz inicial. Eso explica por qué lo llamé Robin, porque luchaba contra la injusticia como Robin Hood.

Mientras tanto, Jerry Robinson, dibujante asistente de Kane, coincidió en señalar al héroe de Sherwood como influencia, además de aseverar que el nombre del personaje provenía de un juego de palabras. La anécdota cuenta que cuando Robinson presentó a Kane y Finger los bocetos del nuevo personaje, pronunció las palabras This is my Robin son (Este es mi hijo Robin), con lo que aludía a su propio apellido para bautizar al futuro compañero de Batman.

 

La importancia de llamarse Robin

Carlos Maroto y Luis Alboreca, autores del libro Batman: de Bob Kane a Joel Schumacher (1997), dan una probable respuesta con un comentario muy atinado. Estos especialistas españoles apuntan que gracias  Robin, Batman, obsesionado con su cruzada contra el mal, pudo disponer de alguien con quién compartir su soledad: Robin sirve a las historias del guardián de Ciudad Gótica como algo más que ser el Watson de Holmes, pues humaniza al hombre debajo del disfraz. Sin El Joven Maravilla, Bruce Wayne se volvería loco, perdería el ancla que lo mantiene aferrado a la realidad.

Por otro lado, existen críticos que opina que éste en realidad es un estorbo. Uno de ellos es Lorenzo Díaz, quien en su Diccionario de Superhéroes (1998) asegura que Robin se benefició de tener uno de los trajes más ridículos que ha podido usar un superhéroe. Si el traje de Batman debía inspirar terror a los supersticiosos delincuentes, es de suponer que el de Robin debía desternillarlos de risa.

Lo que queda claro es que Robin, en cualquiera de sus encarnaciones ha sido de forma simultánea el opuesto y el complemento de su mentor, la luz dentro de la oscuridad que habita en el Hombre Murciélago, la alegría juvenil que Wayne nunca tuvo. La aparición de Robin vino a suavizar a Batman, limitando de cierta forma su agresividad y haciéndole la vida menos atormentada y un poco más llevadera.

 

Durante su vida editorial, la figura de Robin ha pasado por numerosas tragedias personales que han cimbrado una y otra vez a sus seguidores, incluyendo al mismo personaje, que en los años 80 se topó con la muerte cuando DC Comics le creyó una figura innecesaria. Pero a pesar de esta derrota, el joven héroe regresó una vez más, pues es bien sabido que no hay Batman sin Robin, sin importar quién sea el que porte el uniforme con la R en el pecho.

Carente de superpoderes, como su maestro, quizá la mayor fortaleza de este joven irreverente sea su naturaleza humana, aquella que en el pasado le permitió ganarse a millones de jóvenes que buscaban quién los representara, y que ahora, a 80 años de haber sido creado, sigue reflejándonos sin importar nuestra edad. Aunque lo hayamos visto morir, nunca podríamos dejar que Robin muriese de nuevo, no de forma definitiva. A lo mejor nos dimos cuenta de que con la ausencia de Robin desaparecería la única forma que tenemos de combatir a los criminales supersticiosos y de columpiarnos entre los rascacielos de Ciudad Gótica junto con el Cruzado Enmascarado.

Ante nuestra imposibilidad de encarnar al Hombre Murciélago en el mundo real, siempre tendremos el consuelo de que con tan sólo abrir un cómic, todos podemos ser Robin.

Author: Jorge Tovalin

Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la UNAM, estudió la Maestría en Mercadotecnia y Publicidad en la IBERO. Fue productor y conductor del programa de radio semanal sobre cómics La Quinta Dimensión, en la estación cultural 95.7 FM El Politécnico en Radio (2004-2007). Articulista de Editorial Vid por cuatro años, en títulos como Batman, Superman, Justice, Wonder Woman, Watchmen y Una muerte en la familia, entre otros, desde 2008 es coordinador editorial y coeditor de Comikaze, único medio impreso mexicano dedicado en su totalidad a la difusión del cómic. En los inicios de Editorial Kamite se desempeñó como articulista, antes de ser invitado a ocupar el cargo de Editor en Jefe de Bruguera Comic Books. También ha trabajado con Caligrama Editores y Corteza Editorial, sellos especializados en cómic. Desde 2012 ha colaborado con La Mole Convention, ya sea como coordinador de prensa, content manager o community manager, y desde 2019 forma parte del equipo de apoyo del popular youtuber especializado en juguetes Madhunter.

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