Chanoc: Cachorro de mar

Por Maira Benítez y José Miguel Alva

Texto publicado originalmente en las páginas de nuestra revista en 2013 y presentado nuevamente en este espacio como homenaje al maestro Ángel Mora, fallecido este 28 de julio a los 92 años.

 

El maestro Ángel José Mora Suárez, nació en Ciudad Frontera, Tabasco. Se inició en el mundo del cómic a los 17 años, al lado del Ramón Valdiosera. A los 20,  ingresó a Publicaciones Herrerías, donde ilustró una historieta de ambiente taurino y El Libro Semanal, pero sin duda, su más destacada obra es la famosa serie de acción Chanoc: Aventuras de mar y selva.

Original del doctor Ángel Martínez (Martín de Lucenay), Chanoc comenzó a publicarse en 1959, sin embargo su autor falleció el mismo año. Fue entonces que el joven guionista Pedro Zapiain llegó a darle continuidad a la historieta, para fortuna del editor y los lectores.

Mora y Zapiain hicieron una pareja única y el resultado fue una revista amena, divertida y didáctica, inigualables guiones y mejor dibujo; al punto que juntos lograron tirajes de un millón de ejemplares semanales. Quince años, tras la muerte de Zapiain, los encargados de darle vida Chanoc fueron Conrado de la Torre, Frank Flowers, Gong, Ulmor y otros guionistas, quienes trabajaron en ella hasta 1981, cuando la serie llegó a su fin.

Chanoc es una de las historietas clásicas de México, un verdadero tesoro para los coleccionistas y sin duda la obra gráfica que consagró a Mora, ya que durante más de 21 años planteó situaciones que regocijaron a los lectores, que en esa época se contabilizaban por millones.

 

Los protagonistas chiros

Chanoc (nombre de origen maya que significa hombre de rojo) es un pescador quien por diversas circunstancias se enfrenta a una serie de situaciones y peligros, de las cuales siempre sale airoso al ser fuerte, astuto y un excelente nadador, capaz de resistir varios minutos bajo el agua. Siempre va acompañado de su querido padrino Tsekub, quien regularmente se refiere a él como cachorro o chamuco.

A su vez, Tsekub Baloyán es una persona adulta, pero de espíritu joven y fiel consumidor del tradicional licor de Ixtac, el famoso Cañabar. La personalidad del tremendo Tsekub rebasó infinitamente a la de su ahijado, llegando a ser el verdadero protagonista de la historieta.

Otros personajes serían Pata Larga, Sobuca, Nimbus, el Sargento Macotela, Maley (novia de Chanoc), Rogaciana, Elefantina e Hipopotamia Guillot (quienes quieren casarse con  Tsekub), Venancio El Baturro (propietario de El Perico Marinero), Trucson, Neftalí Páez, Mangonia (secretaria de Sauca, jefe de los pigmeos), el padre Tenorio, el joven pescador Merecumbé, los caníbales Puk y Suk, así como los brujos Macrudelio, Cornudelio y Brujildo, entre muchos otros.

 

Un cómic ecológico

Ambientada en una zona del Pacífico mexicano, precisamente en una pequeña comunidad llamada Ixtac, esta historieta posee un marcado nacionalismo que se manifiesta en cada historia, al aludir constantemente a personajes de la vida nacional, tanto reales como ficticios. Así desfilaron por sus páginas populares artistas, deportistas y escritores como Jesús Martínez Palillo, El Chapulín Colorado, el cronista deportivo Fernando Cuadros (Fernando Marcos),  Carmen Chalinas, el elenco de la telenovela Liviana (en alusión a Viviana) Luchía Méndez o Charita García. De igual forma la historieta se burlaría de personajes extranjeros como Dracula, King Kong o El Hombre Araña (El Hombre Lagaña).

En Chanoc todo está manejado con un matiz de humor, para no abrumar al lector con aburridos sermones. Una ventaja de la serie fue su naturalidad para expresarse, elemento que le permitió llegar a varios sectores de la población sin importar edad, nivel social o cultural.

 

Los personajes de la historieta tienen una gran afición por el fútbol, de hecho se publicó por larga temporada un minipóster alusivo a los equipos nacionales, con diferentes caricaturas de las mascotas y también hubo cromos con fotos de los jugadores.

Además se editó una serie de calcomanías coleccionables llamadas Pe-goool-otes, que tuvieron gran éxito. Estas imágenes, donde aparecían los Pumas, los Tiburones, los Diablos Rojos, los Cementeros, los Cremas y las Chivas, por mencionar algunas escuadras, eran obsequiadas en cada entrega, cuando la euforia del fútbol se vivía al máximo. Todo lo anterior ya era un valor agregado, para el éxito de la publicación, sin embargo tenemos otros más importantes: el valor ecológico, didáctico y cultural.

En las páginas, Chanoc se enfrenta a tiburones, yacarés, pulpos, mantarrayas, enormes arácnidos, brujos, hechiceros, caníbales, ladrones, ilusionistas y uno que otro científico loco.

 

 

Pero los protagonistas de Chanoc jamás molestan o dañan a un animal, a menos que sea en defensa propia o cuando este haya sido alterado en su conducta y por lo tanto represente un riesgo. Cabe mencionar que con frecuencia se publicaron fichas con información de los animales que habitan el mar y la selva, con su respectiva ilustración. Aparte de esto también se realizaron documentales como El Triángulo de las Bermudas y el Especial de ballenas.

De manera directa, los personajes alertaban al lector sobre la importancia de respetar y cuidar la naturaleza, dando una lección sobre el hábitat, comportamiento y características de algunas especies. Esta fue precisamente una de las grandes fortalezas de esta historieta, que al ser tan bien dirigida, escrita y dibujada, no permitía que el lector se percatara de las clases de biología y ecología que  recibía de forma sencilla y divertida.

Otro de los aciertos de la publicación fue el Buzón de Ixtac, voz y pensamiento de una publicación libre de smog, sección en el cuál se publicaban las misivas dirigidas a los personajes o al equipo creativo. Resulta muy simpático leer el estilo con el que los lectores se dirigían a Tsekub, citaré un ejemplo:

 

Estimadasazo Tsekub: Con buti gusto comunícome a tu gustada revista, puesto que me voy a poner en contacto con el galán más cotizado de este planeta y anexas, amén.

Gracioso rucailín, aprovechando la “cultivada” antes mencionada, quisiera, digo, si es posible, me mandases las medidas de la famosa piramidoa.

Así de evidente fue el contagio del natural y desenfadado lenguaje de los personajes al lector. Tampoco podemos dejar de mencionar los concursos, los crucigramas deportivos, de cultura general y las tiras cómicas que complementaban la publicación.

Con referencia a la temática de la historieta, basta citar algunos títulos para darse una idea: El vetarro maravilla, El monstruo pirindongo, Mole en la cancha, La Tosfecía, Canis lupus mortales y Los aeronautas chiros. Todos estos elementos sumaron tal éxito que los protagonistas de Chanoc llegaron a la pantalla grande, filmándose ocho películas entre 1967 y 1981.

 

 

En su número de quinto aniversario, Comikaze tuvo el honor de presentar una breve pero interesante entrevista con el distinguido maestro Ángel Mora:

 

¿Qué nos dice del desarrollo de la historieta en México?

En las décadas de oro, de 1930 a 1960, destacaba la historieta de autor, como fue el caso de Gaspar Bolaños con Rolando el Rabioso y Germán Butze con los SuperSabios, entre otros. Al darse cuenta los editores del éxito de estos personajes y de que los autores podían moverse con facilidad de una editorial a otra, llevándose consigo su obra, comenzaron a adueñarse de los personajes para controlar las ventas. Así, desapareció la historieta de autor y comenzó la industria en la que actualmente vivimos, donde el editor toma todas las decisiones, el historietista es un empleado y al público se le da un producto prefabricado.

¿Por qué se dedicó a esto Ángel Mora?

Desde los siete años mis ídolos eran Tarzán y Flash Gordon, fue a partir de ese momento que decidí que esto sería mi vida. Al terminar la secundaria, mis padres me enviaron al Distrito Federal a estudiar en el Conservatorio, pero yo me uní a un grupo de amigos y comenzamos a dibujar por gusto. Entonces fue que a los 17 años me inicié.

 

¿Quiénes han sido los autores que más han influido en Ángel Mora? 

Desde niño me inspiré en Alex Raymond y Harold Foster, ya que su trabajo es preciso, muy expresivo y de fácil comprensión. Leerlos es muy provechoso, es una doble comunicación, pues sus obras manejan muy bien la expresión corporal.

¿Qué tan lejos está México de las potencias del cómic?

Bastante, en Europa el cómic es un género literario, mientras que aquí apenas se le considera un subgénero. Allá la calidad es altísima, los temas son más pensados y hacen que el lector agilice su mente; además hay nuevas generaciones que vienen empujando y que están retomando la historieta de autor.

¿Qué ha aportado el cómic mexicano al extranjero y qué ha recibido de éste?

En general, el cómic mexicano sólo ha influido en Latinoamérica; particularmente en el centro. Del europeo ha aprendido sobre el arte secuencial; de los Estados Unidos lo espectacular, la fuerza y el impacto de las viñetas. Y por supuesto, de los japoneses ese estilo que tienen para simplificar los rasgos.

¿Por qué unos personajes tienen más éxito que otros? ¿Qué tanto influye el autor en esto?

El creador no sabe si va a pegar o no un personaje; simplemente lo hace para divertirse y entretener a la gente. Por ejemplo, cuando Martín de Lucenay diseñó a los personajes de Chanoc, Tsekub era el hombre que aconsejaba al descarriado Chanoc, pero cuando Martín falleció y tomé los personajes, cambié los roles, convirtiendo a Tsekub en el viejito simpático que a todos fascinó. De hecho, la gente leía Chanoc por verlo a él y no a su ahijado. Creo que la gente determina lo que quiere ver; al final el personaje es quien manda sobre el autor.

 

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