La ciencia de los superhéroes (segunda parte)

En la entrega pasada pudimos leer cómo la física clásica (aquella desarrollada por Newton) nos ayuda, si no a explicar, por lo menos a fantasear sobre cómo los poderes de Superman podrían funcionar en un universo como el nuestro. Pues bien, ha llegado el momento de adentrarnos en temas esotéricos y comprender cómo funcionan los poderes de Kitty Pride y responder por qué el Dr. Manhattan es tan terriblemente poderoso.

Uno de los pecados de la ciencia es que ha fallado en dar a conocer sus logros y alcances, pero lo peor es que ha fallado en explicarnos (con pelos y señales) en qué consisten todos sus descubrimientos. De ahí que muchos términos utilizados en la ciencia nos remitan a cosas incomprensibles.

Ejemplo de lo anterior es la mecánica cuántica, término que se acuñó para referirse a aquellas reglas que aplican en las interacciones de la materia a escalas muy pequeñas, en el mundo de las ondas y las partículas. Se le denomina cuántica para diferenciarla de la mecánica clásica y también porque las partículas transmiten energía en forma de paquetes denominados cuantos.

 

 

 

Lo curioso de esta mecánica, y lo que la hace complicada para aquellos que no somos físicos, es que a esas escalas las cosas no funcionan tal y como las conocemos. Por ejemplo, la fuerza de gravedad, que para nosotros es algo tan natural que ni la percibimos (y sin la cual Superman no sería el héroe que es), a ese tamaño deja de ser relevante y cede su lugar a fuerzas tan famosas como el electromagnetismo (culpable de que nos topemos con la pared al intentar atravesarla) y otras tan desconocidas como la interacción nuclear fuerte (que evita la desintegración de nuestros átomos en sus múltiples partes) o la interacción nuclear débil (que permite fenómenos como la radioactividad o la liberación de energía en las estrellas, que a su vez facilita la existencia de curiosidades como la vida).

Esto no sería tan extraño de no ser porque también a esa escala se acaban todas nuestras certezas. Una partícula puede existir en todos los estados posibles, comportarse como onda (expandiéndose o interfiriendo con otras) e incluso aparecer en dos lugares al mismo tiempo. El problema es que, a pesar de esta facultad, nuestros sentidos únicamente percibirán uno sólo de sus estados y, para acabarla de amolar, no podemos predecir en cuál de ellos se presentará; simplemente podemos conocer la probabilidad de que la partícula nos muestre algún determinado estado.

 

 

¿Y qué tiene que ver lo anterior con los cómics? Pues que gracias a la mecánica cuántica podemos explicarnos uno de los superpoderes más chéveres y, al mismo tiempo, abre la posibilidad de que todos pudiésemos tenerlo… al menos en teoría. Para los que no la conozcan, Kitty Pryde fue, en su momento, la miembro más joven de los X-Men, ganándose el corazón de los lectores debido a su inocencia (y a la fascinación que producen las lolitas). Su poder es muy sencillo: puede volverse intangible a voluntad y atravesar objetos sólidos. Algo muy parecido puede hacer Flash, cuando vibra a través de paredes o de las trampas colocadas por su galería de villanos.

¿Cómo funciona ese poder? Es sencillo. Poco antes mencionaba que a niveles cuánticos lo único que podemos conocer es la probabilidad de que un átomo se comporte de determinada manera. Gracias a un físico alemán llamado Erwin Schrödinger tenemos una ecuación que nos permite conocer la probabilidad de que una partícula transite de una región del espacio a otra, aunque el sentido común nos diga que eso no pudiera suceder. Pero vayamos por partes: Toda la materia está formada por átomos, los cuales están compuestos por electrones, protones y neutrones (estos dos últimos a su vez se conforman por quarks). ¿Qué significa toda la cadenita anterior? ¡Pues que existe espacio vacío entre cada ladrillo de las partículas elementales! Si calculamos el volumen de ese espacio vacío resultará mayor al de la materia misma, por lo que fácilmente las partes materiales de un átomo podrían pasar a través de los espacios vacíos de otro. La cosa es que, para que algo del tamaño de un cuerpo humano pudiera atravesar, digamos, una pared, se necesitaría que la totalidad de átomos se sincronizara y absolutamente toda la materia de uno de los cuerpos pasara por los vacíos del otro. La probabilidad de ello es muy baja, peeeero… no es igual a cero.

 

La ecuación de Schrödinger nos indica que la probabilidad de atravesar un cuerpo sólido existe, sólo que es tan baja que si te pusieras a dar topes contra un muro, ni en un millón de años lograrías estar del otro lado (aunque en un lapso corto de tiempo, digamos cinco minutos, podrían parar en un hospital). Pero mientras la probabilidad no sea de cero, la esperanza morirá al último. Así que podemos concluir que a Kitty Pride su mutación le permite controlar esa probabilidad, aumentándola al ciento por ciento, por lo que puede atravesar cualquier objeto, por más denso que sea.

Esto de las probabilidades es uno de los puntos centrales de estudio de la mecánica cuántica, pues hay quien dice que la incertidumbre no es una característica inherente a las partículas, y que más bien es resultado de nuestra ignorancia en el tema. De continuar las investigaciones quizás pueda predecirse el momento exacto en que un átomo se desintegra o elegir que faceta de la partícula nos sirve más a nuestros propósitos.

Lo anterior constituye la base de los poderes de Doctor Manhattan, personaje de la ya mítica maxiserie Watchmen del genial Alan Moore. Durante un experimento que involucra radiaciones nucleares, el doctor Jonathan Osterman sufre un accidente que lo desintegra, para volver tiempo después en la forma de un ser todopoderoso que, entre otras cosas, puede teletransportar y transmutar la materia, así como observar el tiempo en su totalidad: pasado, presente y futuro.

 

La mecánica cuántica nos explica sus poderes (al mismo tiempo que demuestra que Moore no es ningún improvisado). De hecho, la manipulación de materia a niveles atómicos es lo que nos ha permitido construir armas atómicas, sólo que hasta ahora no tenemos manera de hacerlo sin una violenta liberación de energía. Lo que hace Doctor Manhattan es realizar fusiones y fisiones en frío, evitando generar explosiones al construir una atalaya en Marte o al generar oxígeno para su compañera Silk Spectre durante su estancia en el planeta rojo.

En el caso de la teletransportación, esta se explica si tomamos en cuenta que las partículas tienen una especie de ubicuidad, así basta con que el Doc decida en que zona del espacio quiere que aparezcan para que esos trozos de materia se expresen físicamente. Pero lo más impresionante del doctorcito azul es esa clarividencia que le permite generarse un desinterés por el fin del mundo. Aquí entramos en terrenos especulativos y nos adentramos en un tema que (treinta años después de que el cómic fue escrito) sigue siendo frontera en las ciencias nucleares.

 

 

Supuestamente, si lográramos evitar la incertidumbre atómica, podríamos prever fenómenos como el que un electrón pase de un nivel energético a otro, el decaimiento de un neutrón o las transformaciones de una partícula a otra. En teoría (y dado que todo el universo está formado por átomos), si tuviéramos las ecuaciones que nos permitieran precisar los momentos exactos en que cada una de las partículas del universo sufrirá un cambio, entonces podríamos conocer el futuro, dado que el continuo espacio-tiempo no es más que la expresión de la totalidad de las partículas. Y al saber esto, también podríamos conocer como se encontraban antes, logrando así ver el pasado.

Sí, suena medio locochón, pero eso es justamente algo que la ciencia nos otorga: la capacidad de imaginar todo lo que podemos hacer con un universo, igualito a como sucede en los cómics que leemos.

 

Continuará…

Lee la primera parte del artículo dando clic aquí

Author: Rodrigo Vidal

Biólogo, divulgador, cultista de Cthulhu y quejica profesional. Comenzó sus diatribas en revistacinefagia.com, donde sigue analizando el contenido social del cine ñoño. Ha hecho radio en Neurótica FM, Radio UNAM y actualmente en el internet a través de circovolador.org, con los programas Puros Cuentos y La Mala Cabeza. Fue guionista y conductor del programa Paracinema, el cine de lo anormal, transmitido en el canal Pánico. Es coautor del libro Mostrología del cine mexicano.

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